jueves, 16 de noviembre de 2017

"The broadsword and the beast", Jethro Tull, 1982, Chrysalis



Se cuenta por ahí que Ian Anderson había previsto que el que sería el álbum de 1980 de Jethro Tull apareciera en realidad como su primero solista; quizá por eso acusa ciertas diferencias importantes con el sonido más inmediatamente asociado a la banda, en particular en cuanto al uso de secuencias y sintetizadores. Es decir: Anderson sabía que "eso" sonaba no tanto a Jethro Tull como a un posible proyecto personal, independiente de la identidad estético-musical de su banda. Pero las cosas no fueron tan simples y "A" entró en la discografía de Jethro Tull. ¿Cuál pudo ser el paso siguiente? Incorporar todo lo que había experimentado ese álbum al sonido más "estándar" de la banda, y el resultado es el último clásico indudable de Jethro Tull. No quiero decir que no sigan buenos discos ("Crest of a Knave", "Roots to branches") sino porque pasado el declive de "Under wraps" la banda emergió cambiada y algo pareció perderse, quizá esa "esencia" que su lider identificó con Jethro Tull a la hora de, originalmente, estimar que "A" fuera un disco solista y no uno de banda. Pero quién sabe. En cualquier caso, "The broadsword and the beast" es un álbum delicioso y, sin duda, el cierre definitivo de la etapa más brillante de la banda. Después de "Heavy horses" y del excelente pero más irregular "Stormwatch", después del interesante pero no tan convincente "A", el de 1982 ofrece todo lo que hace o hacía a Jethro Tull (casi al nivel de caricatura a veces, pero con eso se juega en la bella portada) presentado con un sonido hermoso en sí mismo, quizá el más delicado de toda la discografía.
En cuanto a las canciones, está claro que el plato fuerte -emocional y musicalmente- está en "Slow marching band", que cierra el lado A, pero el rock maduro y algo cansado de "Fallen on hard times" sin duda vale la pena, igual que "Clasp" y"Beastie". Otro gran momento -el segundo en belleza, diría yo- es sin duda "Beastie", la apertura del lado A, y uno de los más grandes ejemplos (en su introducción, hasta la entrada de la guitarra metalero/ochentosa de Barre) de una estética que se apoya en lo ambient a lo largo y a lo ancho de la discografía de Jehtro Tull. Quizá me animaría a decir que pocas veces en esa discografía sonó tan cinematicamente su música: la imagen del amanecer atisbado desde una barca que se acerca a la tierra -bueno, esto es lo que me evoca a mi- en los momentos previos al desembarco del héroe que atacará a la bestia (esquema argumental que, por supuesto, la letra de la canción desmonta y reescribe) es de una belleza singular, casi un canto del cisne para la banda. Y lo que sigue es quizá menor, pero para nada deleznable: "Pussy willow", las secuencias de "Watching me, watching you" (que prefiguran por sonido el disco que vendría dos años más tarde y al que superan en todo) y "Seal driver", otro lindo ejemplo de atmósferas mangníficamente trabajadas. El álbum cierra con "Cheerio", que guiña al folk medieval típico de la imagen que se tiene de la banda, pero lo presenta con sonidos que logran ser interesantes en sí mismos: cierta reverberación, ciertas texturas ensambladas desde la voz de Ian Anderson y, después, sobre la

miércoles, 15 de noviembre de 2017

"Crack the skye", Mastodon, 2009, Reprise


En cierto modo el cuarto álbum de Mastodon da todo lo que debería dar el rock/metal progresivo: complejidad, poder, fuerza y esos conceptos narrativos dementes, ingenuos y maravillosos que no sobrevirían en otro medio ("2112" es un buen ejemplo, "Machina/The machines of god" otro); lo interesante es que lo hace con niveles de excelencia asombrosos. Es indispensable escuchar el disco con auriculares, para formarse una idea más clara de los detalles a nivel textural. En ese sentido, es decir, el álbum es de una riqueza impresionante. Y, después, todo él es capaz de ofrecerse como claramente desmedido y, a la vez, de dar siempre en el blanco. Las canciones se superponen en la memoria, pero no importa, porque todas han de ser partes de una composición más vasta; en el caso de la impresionante "The czar", las secciones -desde la climática y tensa introducción hasta - tienen sus propios títulos, y todas ellas suenan tan cohesivas, homogéneas y a la vez intrincadas y variadas que no hacen sino disparar la sensación de riqueza apabullante del álbum. Pero hay más: ¿cuánto habrá que insistir en el talento melódico de la banda? Hay momentos -no siempre estribillos- en que todo lo que se asume del pop, todo lo que se asume del rock y todo lo que se asume del metal parece aglomerarse en la música de Mastodon. En otras épocas habrían inaugurado su propia era: ahora logran, de todas formas, tensar los límites de los subgéneros, que son esas dimensiones extra del espacio musical por las que se viene perdiendo la potencia atractiva, gravitatoria de bandas con talentos hipermasivos.
Es dificil decir qué es lo mejor de "Crack the skye". Hay que escucharlo todo como si no fuera sino una gran pista de 50 minutos -no he pasado por la experiencia de escucharlo en vinilo, así que me remito al CD-, pero, así como en toda pieza ambiciosa siempre hay secciones que destacan de alguna manera, ahí están el estribillo de "Oblivion", las guitarras de la intro de "Ghost of Karelia", toda "The Czar" y el impresionante title-track, con su pasmosa profundidad de capas, texturas y sonidos.

"Vs.", Pearl Jam, 1993, Epic

En un universo más coherente, "Vs" sería el primer disco de Pearl Jam. No porque desprecie -ni mucho menos- el que inaugura su discografía en nuestra realidad, pero me parece interesante pensarlos de alguna manera como dos propuestas tan diferentes en cuanto a sus notas básicas que podrían o bien ser de dos bandas distintas o bien proponer a Pearl Jam como una entidad arrojada a una reinvención radical disco tras disco. Cosa que, notoriamente, el desarrollo de lo presente en "Vs." que hace "Vitalogy" -y su mutación con "No code" y su reafirmación pop con "Yield"- viene a desmentir: a partir de "Vs." -más crudo, más arduo que su predecesor, pero más acertado casi en todas partes también-, entonces, Pearl Jam se embarca en una línea, en un progreso, y lo que entendemos ahora por Pearl Jam es esa línea, esa evolución. Queda "Ten" como una suerte de prólogo y, por supuesto, su ingreso a la fama, pero aparte de un conjunto de piezas consagradas por las ventas y los fans -entre los que siempre aparece quien dice que el primero es el mejor de sus discos, cosa que me parece una tontería-, aparte de una recurrencia en recitales, la historia de Pearl Jam en términos estéticos y musicales tiene un comienzo más firme en "Vs."
Ahí están, por ejemplo, los temas viscerales, acelerados, complicados en su ejecución y incluso algo grotescos de sus clásicos comienzos de disco ("Go", "Animal") y de números dispersos en el álbum ("Blood", "Leash"); del mismo modo que suenan esas piezas delicadas y emotivas, que pasan en sus tres, cuatro o cinco minutos desde la sensibilidad más luminosa y pop hasta los momentos de mayor oscuridad ("Daughter", "Elderly woman behind the counter in a small town"), aparte de rock/pop impecable ("Glorified g", "Dissident") y esos dos o tres himnos generacionales o, al menos, esas canciones que fácilmente convencen a quien las escucha de estar al borde algo hermoso y sobrecogedor ("Indifference", "Rearviewmirror"). Quizá "W.M.A." y "Rats" pasen por piezas comparativamente menores, pero en ellas está clarísimo a qué y cómo suena el disco; todo lo que haría Pearl Jam, de un amanera u otra, está en "Vs.", y si llegaron más lejos fue por seguir estos caminos.

"Use your illusion II", Guns N' Roses, 1991, Geffen

Haber dado la primera puñalada definitiva al glam metal y al hard rock ochentoso singificó, para Guns n'Roses, entender que el golpe también, de alguna manera, los afectaba a ellos mismos. ¿Qué dirección tomar, entonces? Leer ambos "Use your illusion" (tratémoslos momentáneamente como dos álbumes separados, si bien integran de manera evidente un proyecto más amplio) en esta línea de experimentación y movimiento para la banda, me parece, rinde sus frutos. Para empezar, hay una diferencia de escala: con casi 76 minutos cada uno, las dos partes de "Use your illusion" hablan ante todo de una desmesura, de una expansión que de alguna manera terminó por desgarrar el tejido de la banda, como la proverbial flatulencia mayor que el esfinter. ¿Pero de qué otra cosa se trata? Era la movida exacta, el paso necesario a seguir. Sin abandonar el núcleo hardockero de "Appetite for destruction" -que en "Use your illusion 2" late en "Shotgun blues", en "Pretty tied up", en "Locomotive" y enla impresionante "You could be mine"- la banda procedió a envolverlo, a rodearlo con más capas de sonido, de influencias y de estéticas. El gesto no es diferente al del centro del canon hardrockero, o sea Led Zeppelin: ampliarlo todo, expandirlo todo, abarcando más y más registros. Pero lo que en Zeppelin termina por tocar el prog, en Guns N'Roses, ya en los noventas, termina por ofrecer una imagen arquetípica -la última- del rock, más Stone que Zeppelinero.
En esa línea pueden leerse las incursiones en el country y en el blues ("14 years", "Yesterdays", "Breakdown"), pero esta idea no agota el álbum. "Use your illusion 2" es siempre más, se lo mire por donde se lo mire, y ahí aparecen las canciones de ímpetu épico, inigualables en su momento: "Civil war", el cover de "Knocking on heaven's door" (que cumple con la pauta estructural que incluía a "Live and let die" en "Use your illusion 1"), la reescritura noventera de las power ballads ochentosa ("Don't cry", en este caso con la letra alternativa) y la impresionante "Estranged", uno de los momentos más altos de un disco apabullante. Y hay lugar para diversión pura y dura: "Get in the ring" y "My world", ese brevísimo final descolocado, suerte de pieza deliberadamente torcida que permite el movimiento interno de la maquinaria.

domingo, 12 de noviembre de 2017

"Serious Moonlight", David Bowie, 1984, EMI


Vale la pena escuchar con cierta atención la banda sonora de "Serious moonlight", el video/documental de 1984 de David Bowie, que recoge la actuación del 12 de septiembre de 1983 en Vancouver, con la gira "Serious moonlight", que promocionaba el disco "Let's dance". Y no son pocas las cosas que saltan a la vista. Primero, que es relativamente escasa la presencia del álbum promocionado: si bien el concierto también incluyó el hit "Modern love", debido a problemas de extensión debió ser retirada para el video, con lo cual quedaron apenas "Let's dance", "China girl" y la remake de "Cat people" entre las piezas del album de 1983. Y eso es raro, porque el setlist final conserva piezas relativamente oscuras ("White light/White heat", "Cracked actor", "Sorrow") o canciones tomadas de álbumes situados en las antípodas musicales, estéticas y conceptuales de "Let's dance" y su gira ("Station to station", "Breaking glass", "Look back in anger") que, si fueron incluidas, debieron serlo por su condición de clásicos en la discografía. Pero aún así cierta aura de misterio se deja sentir en la selección de canciones de "Serious Moonlight".
Y está el elefante en la habitación: los arreglos ochenteros o más propios de esa etapa de Bowie (bajo slapeado, sintes estridentes, la sección de bronces y, en general, un tono festivo y retro/rockerito) hunden algunas canciones. Es el caso de "Heroes" (que los bronces repitan el riff de bajo con aspiraciones de swing arruina todo, del mismo modo que la intro susurrada agrega más comillas a las que ya de por sí lleva el título de la canción, y el resultado parece demasiado autoparódico como para tener gracia, tratándose de una pieza tan emblemática de la discografía) y de buena parte de "Station to station" (en particular el último tercio), además de "Scaryt monsters" (que suena bastante floja sin la guitarra de Fripp o sin un intento de simularla). Curiosamente, las performances de "China girl" y "Let's dance" -canciones, es decir, que no pueden ser arruinadas por los arreglos porque ya los tienen en su origen- no son especialmente buenas y suenan algo desganadas o incluso (se nota en "China girl") irónicas.
Hay una franja de canciones no especialmente arruinadas. Allí suenan, paradójicamente, los números de "Low" y el de "Lodger" ("What in the world", "Breaking glass" y "Look back in anger", que inaugura el recital), pero no porque valgan la pena como versiones alternativas sino porque los cambios no son tan notorios en relación a la manera en que sonaban en vivo ya en 1978, o lo son a nivel de textura y no tanto de arreglos.
La voz de Bowie, para 1983, ya había sufrido cambios al nivel de los armónicos más agudos, y para llegar a las notas altas se nota un esfuerzo en la garganta que vuelve notoriamente menos elegantes y más "gritadas" algunas canciones; esto no altera demasiado la cosa, pero se nota en "Young americans", que no sufre cambio alguno con respecto a la original -salvo, claro, que faltan las mujeres en los coros: aparte de esto, la instrumentación es casi la misma- pero que se las arregla para sonar no tan bien, igual que "Life on mars?", que no sufre tanto el arreglo ochentoso pero sí las limitaciones vocales de Bowie.
Lo más interesante está en las dos o tres canciones cargadas de parafernalia ochentosa y que, aún así, se las arreglan para salir adelante. No es quizá por una calidad intrínseca -canciones del nivel de "Station to station" o "Heroes" están entre lo peor del show- sino por un cierto núcleo emocional que permanece impávido al asalto de los saxofones bailarines; y ahí suenan "Space oddity" -que no es mancillada ni siquiera por el ridículo solo en plan guitar hero de Earl Slick- y "Ashes to ashes".