sábado, 25 de noviembre de 2017

"The league of gentleman", Robert Fripp, 1981, EG Records


Es inevitable pensar que ahora el principal interés de "The league of gentleman", el álbum de 1981 de Robert Fripp, interesa ante todo por su relación con la discografía de King Crimson: una suerte de preludio de lo que vendría en 1983, hasta el punto que en el espacio de salida del lado B puede leerse "the next step is discipline" ("el paso siguiente es Discipline" -o "disciplina", claro), nombre que, dicho sea de paso, fue pensado primero para la banda que formaría Fripp con Belew, Bruford y Levin. De hecho, los responsables de "The league of gentleman" quedan agrupados bajo precisamente ese nombre; cuando Discipline, entonces, pasó a ser King Crimson (se cuenta que Fripp manejaba su auto escuchando las cintas de los últimos ensayos y sintió que el rey carmesí estaba allí, entre ellos), el nombre del grupo pasó a ser el nombre del álbum. Pero estos son detalles anecdóticos; lo que me interesa ahora es pensar en "The league of gentleman" como un eje de otros asuntos, aparte de King Crimson. Habría que pensarlo como un momento de especial interés en la historia del postpunk, y también habría que pensarlo como un experimento desconcertante basado en música concreta (el disco está atravesado por grabaciones tituladas "indiscreciones", un poco a la manera de "The dark side of the moon"), en ritmos de baile (todas las piezas están en un marcado 4/4) y en las figuras de movimiento perpetuo de guitarra que conectan al desempeño de Fripp en la era de "Starless and bible black" con los trabadísimos arpegios a dos guitarras tocados junto a Belew. Fripp venía de tocar (en 1980) las mejores guitarras de su vida -él mismo lo dice- en el contexto del rock, para el disco de ese año de David Bowie, y de alguna manera "The league of gentleman" funciona como un complemento de esa erupción fluida y demente. En "Inductive resonance" y "Dislocated", del lado A, es quizá donde se concentra esa extrañeza antimelódica, antifluida, antibluesera.
La bandaba contaba además con un organista (Barry Andrews, quien colaboraría con Eno y tambíen había grabado con Iggy Pop en el disco "Soldier"), y es en "H.G. Wells" y las dos partes de "Pareto Optimum" donde más brilla su aporte, tan extraño como los arpegios asimétricos de Fripp.

viernes, 24 de noviembre de 2017

"Once more 'round the sun", Mastodon, 2014


"The hunter" y "Once more 'round the sun" escuchados uno a continuación del otro no sólo dejan claro que se trata de dos álbumes donde Mastodon reafirma todo lo que sabe hacer y sale en busca de más sino que, curiosamente, tratándose de discos de los que la banda señaló claramente que no son conceptuales (a diferencia de "Leviathan", "Blood mountain", "Crack the skye" y "Emperor of sand"), suenan de todas formas como si lo fueran. Es decir (retrocedamos un poco antes de avanzar), si todo álbum requiere una suerte de cohesión y el álbum conceptual es la expresión máxima de ella, los discos no conceptuales de Mastodon no logran evitar inclinarse hacia el lado de esa digamos "conceptualidad". Porque suenan cohesivos, narrativos y episódicos incluso si se proponen no serlo.
"Once more 'round the sun" se siente, canción tras canción, como un proceso, un recorrido. Empieza con la raíz thrashmetalera de la banda y la potencia riffera de "Tread lightly" y, especialmente, "The motherload"; pero la textura acústica del comienzo de la primera de las piezas mencionadas parece apuntar a que, más adelante, las cosas se complicarán. Y, si bien el metal sigue tronando en canciones como la impresionante "Chimes at midnight", poco a poco el álbum va disponiendo bajo otra luz sus momentos más melódicos, va echando mano a trucos pop/rock (los estribillos, siempre, pero también los cambios de vocalista dentro de la misma canción, las modulaciones dramáticas, los puentes) para convocar un sonido más extraño y sobrecogedor. Para "Asleep in the deep", con su intro que suena a Led Zeppelin pasado por los noventas (y con su arranque melódico de bellísima armonía), el disco pareció haberse desplazado, estirado hacia otros dominios sonoros. Y hacia el final suenan "Aunt Lisa", con su variedad vocal impresionante, especialmente a la entrada, en 3:30, de The Coat Hangers (Assjack), y "Halloween", a la vez que reserva para el final la textura de acústicas arpegiadas y eléctrica en la introducción de la impresionante "Diamond in the witch house", con sus voces tenebrosas de fondo y los efectos en la voz principal (a cargo de Scott Kelly, de Neurosis, invitado permanente de los discos de Mastodon).
El álbum jamás deja de ser convincentemente "metal", pero cuando toca otras posibilidades sonoras logra no tanto desplazarse hacia ellas sino, justamente, dilatar o expandir el concepto firmemente establecido de "metal". Y la manera en que cada canción opera en ese sentido parece articularse siempre en un todo, lo cual sin duda aporta a esa sensación de cohesión, de proceso.

jueves, 23 de noviembre de 2017

"Sisters", Brian Eno, 2017, Generative music

En la medida en que dos discos ambient generativos pueden ser "diferentes", "Sisters" es muy diferente a "Reflection", si bien -cuenta Eno- el algoritmo que los generó es más o menos el mismo. ¿De qué va la diferencia, entonces? La pregunta nos lleva irremediablemente a otra: ¿qué hace que una pieza musical sea diferente de otra? La respuesta es engañosamente fácil: las melodías (¿cuántas melodías posibles hay, por otro lado?), el juego armónico, el tempo, los timbres, las letras si las hay, los juegos conceptuales, la imagen de los músicos. Parece una perogrullada, sin duda, pero si no tenemos melodía (o la tenemos pero a modo de figuras entrevistas en nubes o en manchas de humedad, como si operara una suerte de pareidolia sonora) y si la armonía es más o menos accidental o azarosa, y si con ambas cosas parece no decirse nada en particular -en el sentido de que en el paradigma expresivo el artista "expresa" o "dice" algo que de alguna manera preexiste a la obra concreta: algo de su experiencia, de su interioridad, etc-, una pieza ambient generativa ya no puede diferenciarse de otra de esa manera; ahí entran en juego, naturalmente, las texturas creadas, los timbres, los sonidos. 8 horas de un algoritmo que reitera y reconstruye y varia "Music for airports" no debería ser del todo distinguible de uno que generara 8 horas de "Reflection" o "Lux", salvo, es decir, por las texturas. Cada pieza, entonces, se vuelve el vehículo de una textura, de una forma acostada en el tiempo. En ese sentido, entonces, "Sisters" y "Reflection" son muy diferentes: hay algo de maderas, si se quiere, de sonidos que parecen más físicos o naturales en "Hannah" (la primera pieza del álbum), algo más cristalino en "Irial", una resonancia más profunda en "Darla" y una rugosidad o disonancia más marcada en "Anya"; las cuatro piezas -inevitable pensar "las cuatro hermanas"- están hechas de los mismos sonidos, pero en su interacción y sus ubicaciones en el espacio sonoro convocan "personalidades" diferentes, si se escucha el álbum desde esa perspectiva. Pero, a la vez, las cuatro piezas son básicamente "iguales": las cuatro se mueven en un oleaje delicado, en una recurrencia difusa; las cuatro, en sus momentos más diferenciables (en sus acontecimientos, digamos) parecen evocar eventos sumergidos en la niebla (por usar un hermoso título del propio Eno): una niebla extensa y persistente, que es, en última instancia, el ambiente convocado por el álbum y en el que la lectura basada en el título podría colocar la historia de esas cuatro hermanas  -pero eso si quisieramos dar a esta música aquello que parece en principio rehuir: una narrativa. Acaso sea inevitable.

miércoles, 22 de noviembre de 2017

"The serious moonlight rehearsals", David Bowie, 1990, Gotham records


Parece dificil imaginar que Stevie Ray Vaughn pudiera haber tocado realmente a gusto en la gira Serious Moonlight Tour, de David Bowie. Se puede pensar, por ejemplo, que sus sensibilidades diferían considerablemente y que, entre todas las oportunidades en que SRV y Bowie pudieron producir música juntos, esta era la menos adecuada. ¿O no? Al final SRV abandonó la gira por problemas inducidos por su manager (las biografías insisten en la tristísima imagen de Stevie abatido sentado en la carretera rodeado por sus valijas mientras los músicos ensayan en el fondo), quien exigió más dinero e instaló un conjunto de intrigas infundadas, pero también es cierto que SRV estaba incómodo con el vestuario fantasioso y las coreografías. Eso, qué duda cabe, no tenía nada que ver con su blues pensado desde la honestidad y las raíces; pero también es cierto que la cosa retro/americana del álbum de Bowie de 1983 no era tan divergente con respecto a las opciones estéticas del guitarrista virtuoso. Queda, en última instancia, el examen de los bootlegs de ensayos, que apuntan tímidamente -Bowie notoriamente no se esfuerza gran cosa por cantar a la altura de su estandar interpretativo e histriónico: es, después de todo, uno de tantos ensayos- a lo que podría haber sido. Mi hipótesis: nada drásticamente mejor. El tour de Serious Moonlight fue una entretenida oferta de hits de Bowie (más hits que canciones tomadas de "Let's dance", por cierto) y algunos clásicos un poco oscuros y por ello sorprendentes en el contexto pop, pero no estuvo a la altura de la gira del Duque Blanco, de la recogida en "Stage" o de las futuras y más experimentales de "1.Outside", por no mencionar ese otro enorme paquete de entretenimiento e historia Bowie que fue la gira de "Reality"; SRV, por lo que se escucha en los ensayos de Dallas, aportó una personalidad algo diferente a ciertas canciones, pero poco más. Después vendría Earl Slick a tomar su lugar, y sin duda se nota una diferencia -no porque Slick no esté a la altura como intérprete del otro, o más o menos, sino porque su estilo es notoriamente distinto-, pero es indudable que algunas canciones no parecían funcionar tan bien con SRV, "Stay" acaso la más notoria. Por supuesto, la gira era de Bowie, y las canciones no estaban pensadas para que se luciera SRV en la guitarra, pero aquí y allá, cabía esperar, iba a encontrar sus momentos. Es curioso como los ensayos en Dallas fallan en ofrecer esa visibilidad: en "White light-White heat" hay pirotecnia solista, pero suena a que podría haberlo tocado más o menos cualquiera; en "Space oddity" el solo está cargado de elementos estilísticos de SRV, pero dificilmente podría pensarse que le hacen bien a la canción, igual que pasa en "Life on Mars?" y, especialmente, en una pésima ejecución de "Heroes", donde SRV intenta blusear una canción que tiene poco que ver con el blues. "Jean Genie", como cabía esperar, sí ofrece lo que se esperaría de SRV, del mismo modo que -acaso más extrañamente, dada su sensibilidad más bien europea y fría, intocada incluso por la parafernalia de la era de "Let's dance", al menos en este ensayo- "What in the world" sorprende por el buenísimo trabajo en la guitarra solista. El disco vale la pena, en cualquier caso, y no sólo porque SRV toca como se espera en digamos 1 de cada 3 canciones ni porque la banda en general suena más que bien pese al escaso compromiso vocal de Bowie (hay de todas formas una versión muy atendible de "Cracked actor", por ejemplo) sino porque incluye una versión de "I can't explain", canción que no integraría los registros oficiales de la gira, así como, del mismo modo, por la buenísima versión de "Red sails" (en la que además Bowie parece encontrar algo de entusiasmo y, sí, siempre vale la pena escuchar una canción pop cuyo estribillo dice "The hinterland/the hinterland/we're gonna sail to the hinterland").

lunes, 20 de noviembre de 2017

"Cold dark place", Mastodon, 2017, Reprise


Cabe pensar al reciente EP de Mastodon ("Cold dark place") como una muestra -condensada en cuatro canciones- de la versatilidad de la banda; tanto que incluso no es fácil oirlo como un disco de metal o un disco exclusivamente de metal, ni siquiera en la manera en que los álbumes de Mastodon desde "Leviathan" en adelante se han propuesto como metal con aditivos, por decirlo de alguna manera, pero siempre básica, quintaesencialmente metal. Que los de Atlanta sean la mejor banda del género en la actualidad es dificil de dudar; que lo sean por su ímpetu pop (cuasi Beatle en su juego de melodías y voces) y su versatilidad sonora y genérica lo hace más interesante aún, como si efectivamente fueran la primera banda de metal -en muchos años: desde los noventas, diría- capaz de romper las barreras de su género y lograr esa excelencia múltiple que hace a Sabbath o a Zeppelin. En este contexto, insisto, las cuatro pistas de "Cold dark place" funcionan a las mil maravillas, casi sin rastros del thrash metal más basal al sonido de la banda y expuesto el caparazón prog en toda su majestad. Son cuatro canciones de atmósferas exquisitas (escúchese "Toe to toes", por ejemplo, o la maravillosa textura de guitarras de "North side star") y melodías deslumbrantes; quizá se pueda pensar ya no tanto en un EP sino en un álbum futuro de Mastodon que siga esta línea, como si la prolongación de "Once more'round the sun" hacia "Emperor of sand" solo pudiera llevarlos a esta riqueza sonora y a esta delicadeza sorprendente.