jueves, 19 de octubre de 2017

"Without you I'm nothing", Placebo, 1998, Hut



"Pure morning", "Without you I'm nothing", "You don't care about us" y "Every you every me" están, sin duda, entre las mejores canciones de la etapa tardía de los noventas, esa en que -entre "Mechanical animals", de Marilyn Manson, y "Velvet Goldmine", la película de Todd Haynes- el glam rock setentero (gracias en buena medida al costado del britpop representado por Suede y, hasta cierto punto, por Pulp) pareció volver y mutar en una suerte de negolam. La guitarra minimalista (especialmente notoria en "Pure morning") y su distorsión contenida, para nada desbordada, diferencia al trabajo de Placebo de las bandas de la primera ola alternativa/grunge de los noventas, pero cierto ímpetu postpunk (que de alguna manera parece remitir a Sonic Youth) está muy presente también en las estructuras y en cierta tensión indudable en la ejecución. Pero hasta acá, incluso contando estos cuatro éxitos, Placebo no parecería merecer, al menos en cuanto a su segundo álbum de estudio, un lugar de mayor interés aparte del rock/pop bien confeccionado y con unas cuantas lecciones Bowie bien aprendidas (y Bowie visto desde el prisma de otras bandas: la influencia de The Cure es más que evidente en "You don't care about us", por ejemplo). Pero si buscamos en el lado más oscuro del álbum las cosas cambian: en el ambiente oscuro de "The crawl", con su fondo de guitarras remotas y difuminadas, su batería delicada y la voz de Molko en su momento más volcado hacia adentro, como si quisiera devorarse a sí misma. Y esas hermosas notas de piano.
Es quizá la mejor pieza del álbum, aparte del esplendor pop de "Every you every me", que, por otro lado, es la que la sigue; y esa línea atmosférica todavía tiene otro gran momento -más terrible, quizá menos perfecto- en "My sweet prince", que más que un ambiente disfrazado de canción suena a una canción enlentecida para parecer un ambiente, con resultados deslumbrantes.
A partir de ahí el álbum ensaya diversos caminos (más rockero en "Scared of girls", vuelta al lado oscuro en "Burger queen", aunque con un matiz un poco más melancólico y cálido) y termina por dispersarse. Pero en esas dos canciones que rodean a su mayor hit está lo más brillante que tiene para ofrecer.

miércoles, 18 de octubre de 2017

"Thick as a brick", Jethro Tull, 1972, Chrysalis


Creo que es extraordinariamente significativo que uno de los tres álbumes digamos ineludibles del rock progresivo -me refiero al quinto de Jethro Tull y su obra maestra- sea una suerte de parodia del género. Y quiero decir una parodia especial, en tanto lo que hace para establecer la distancia irónica con lo parodiado es simplemente exacerbar sus líneas fundamentales. Dicho de otro modo: para hacer el mejor prog hay que llevar al prog al demonio y de alguna manera encuadrar al prog, percibirlo como una entidad contorneada, ofrecer, en última instancia, una lectura definida del prog y así simplemente exagerarlo. Hay álbumes que quizá pueden ser percibidos como una "exageración" o incluso "ida al carajo" del prog -"Tales of topographic oceans", por ejemplo, un disco que adoro- pero que no logran alcanzar esa dimensión extra magistral de "Thick as a brick" (si hubiera que elegir uno de Yes para colocar a un lado del de Jethro Tull y de "In the court of the Crimson King" y acaso "The dark side of the moon" en el panteón sagrado del prog, sería "Close to the edge"); pasa, quizá, lo mismo con la discografía completa de Emerson, Lake & Palmer, donde hay cualquier cosa menos distancia irónica -y sí sumergirse en el prog, perderse dentro de su contorno y permanecer inconsciente de dónde se los encuentra.
Es decir: en "Thick as a brick" se entiende la pretensión conceptual del prog y se parodia eso mismo: el disco queda presentado como la adaptación musical -a cargo de Jethro Tull- de un poema escrito por un autor ficticio (Gerald Bostock) que es además un niño prodigio, y si el prog proponía composiciones largas, acá están las más largas posibles dentro de los límites del vinilo; es decir, una por cada lado. Nótese que Yes haría exactamente lo mismo pero multiplicado por dos, con "Tales of topographic oceans", pero queda claro que la serie 2x, 3x, 4x lo único que haría sería llamar la atención sobre esa x, o que con la x -lo que propone Jethro Tull- es suficiente. No era nuevo (ya había caras ocupadas enteramente por canciones: sin ir más lejos, la cara D de "Blonde on blonde") pero presentado de esta manera, y con el lenguaje musical del prog más voluptuoso, significa otra cosa, ajena a la bellísima pieza de Dylan.
Quizá la memoria retiene más fácilmente las secciones del lado A, lo cual equivale a decir que estas son las más memorables, al menos en mi experiencia y también a juzgar por la manera en que la banda editó "Thick as a brick" en versiones resumidas para tocar en vivo después del auge del prog. La versión descargable de la edición 40 aniversario incluso propone títulos para esas secciones (que serían 8, aunque algunas -1, 3 y 5 aparecen a su vez divididas en dos y una -la 4- en 3); así, creo que nadie podría dudar que hay  una belleza especial (maravillosa, concentrada, épica, gloriosa) en "Really don't mind", "The poet and the painter" y "What do you do when the old man's gone". Por otro lado, el comienzo arpegiado en acústica y la melodía folk medieval de la flauta  son, en su simpleza, el corazón del disco junto a los verso reiterados -que contienen todo un ethos musical- "and your wise men don't know how it feels / to be thick / as a brick"; de hecho, ¿en qué otro lugar late más claramente el corazón del prog que en la parodia de su modo de ser que dejan ver esos versos? Ser "thick as a brick", ser cabeza dura, ser el tonto de William Blake que por persistir en su tontería se convierte en sabio, estar a su vez cerrado herméticamente a otra cosa que no sea ese propio impulso musical, esa estética y esa manera de entender la música (y a la vez dispuesto a llevar esa estética a su máximo de posibilidades principalmente porque se puede, porque se tiene la técnica), ¿no es de algún modo el alma del prog?
Quizá por eso, por comprender esa alma secreta y declararla, "Thick as a brick" es el disco que es y ocpua el lugar que ocupa en el contexto del prog; pero, a la vez, esa distancia irónica (esa  tomada de pelo a la idea del álbum conceptual que no termina sino ofreciendo al álbum conceptual definitivo) le permite trascender los límites de su género y ser, simplemente, uno de los mejores discos de los setentas. Quizá porque, en el fondo, querer ser artista (o querer seguir siéndolo, o seguir cantando pese a haber perdido la voz) es de alguna manera inseparable de ser -y tantos "sabios" siguen por ahí sin entenderlo- thick as a... (repitan conmigo: Brick!)

martes, 17 de octubre de 2017

"Thrak", King Crimson, 1995, Virgin

El retorno de King Crimson en los noventas aportó una etapa especialmente interesante de la banda, pero entre los tres álbumes publicados entre 1995 y 2003, quizá no sea "Thrak" -precisamente el que ejerce la propuesta más fascinante y extrema, con su doble trío- el que mejor ha envejecido o el que se mantiene con un poder mayor de seducción. Es cierto que no hay que olvidar el EP o "mini album" "Vrooom", que plantea versiones después retrabajadas de casi todo lo que sonaría en "Thrak" y -junto a los conciertos en Argentina de septiembre de 1994, después recogidos en el álbum en vivo "B'Boom"- establece las coordenadas estéticas del nuevo King Crimson: el trabajo de dos guitarras típico de los tres discos de los ochentas, un "peso" más marcado que retoma  buena parte del sonido de "Red" y lo extrapola a un metal alternativo o progresivo con una fuerte marca industrial, y una atención especial a la creación de ambientes con texturas de electrónica.
Es decir: toda la "época" inmediata que rodea a "Thrak", mientras operó el doble trío, es fascinante, pero el álbum no parece a la altura. Después Crimson estallaría (se "fraKctalizaría") en proyectos diferenciados de corte experimental, y todo eso sería traído de nuevo a la banda para sus álbumes de 2000 y 2003, de manera que parece dificil pensar en la evolución posterior de Fripp y compañía sin el establecimiento de "Thrak" (es decir, los dos tríos permitían una redistribución de músicos en proyectos diferentes -los "projeKcts"-, que tenían en común a Fripp y a esa vocación exploradora, de modo que en gran medida todo lo que se indagaría después se desprende de lo grabado en "Thrak", o, si se prefiere, de la línea que conecta a "Thrak" con su predecesor "Vrooom").
Otra manera de decirlo: lo mejor de "Thrak" no está en el álbum en sí (que si no fuera por el tercero de la discografía sería el más flojo) sino en las posibilidades que abrió y, en especial, en proyectos como "Thrakatakk", que retoma las improvisaciones durante el title track de "Trak" y las ensambla en varias piezas de manera similar al trabajo sobre el material en vivo en "Starless and bible black" pero, naturalmente, llevado a un extremo no presente en el álbum de 1974.
Quizá lo que no termina de funcionar del todo bien en "Thrak" es justamente su lado más pop, los elementos de corte sesentero o beatlero que en las canciones tomadas individualmente resultan atractivos pero que no parecen sino moderar la propuesta cuando lo que consideramos es el álbum completo. Es cierto que ese movimiento entre piezas arduas y extrañas y otras más pop está en todos los álbumes de la banda, pero no menos notorio es que en casi todos los demás discos eso funciona mejor que en "Thrak". "Dinosaur", es decir, es una de las mejores canciones de la banda, pero su sonido Beatle no se parece al extremo experimental de "Thrak" en vivo, ni tampoco al metal de "VROOOM" o "VROOOM VROOOM"; no se parece, diría, y no termina de complementarlo, excepto en cuanto a pensar esas canciones individualmente, como si fueran parte de un compilado.
En ese sentido, lo mejor de "Thrak" estaría en sus instrumentales: los ya mencionados "VROOOM" y "VROOOM VROOOM" -verdaderos "Red" de los noventas y el metal-, "B'Boom" -más extraño y ambient, similar de alguna manera a "The talking drum", de "Lark's tongues in aspic"- y el impresionante "Thrak". Después están las canciones, que tienen sin duda sus momentos de verdadera maravilla: "Dinosaur", "Walking on air" -acaso la más lograda en su dulzura pop-, "People" -la más floja en mi opinión-, "Sex sleep eat drink dream" -la más deforme y funky- y "One time", tensa, oscura y una favorita personal.
Es curioso que en un contexto de sonido tan complejo e intrincado la voz de Belew suene a grabación en vivo, con un mínimo de producción; para el estado de sus poderes como vocalista entonces -ya menor al de los ochentas, naturalmente-, quizá hacía falta un trabajo un poco más marcado; pero esto sucede también en "The construKction of light" y recién sería de alguna manera enmendado en "The power to believe", quizá el mejor de esos tres discos que se mantienen hasta ahora como la última trilogía de estudio de la banda.

lunes, 16 de octubre de 2017

"It's only rock'n roll", The Rolling Stones, 1974, Rolling Stones


El últmo disco con Mick Taylor en la guitarra podría pasar por un intento por parte de los Stones de ofrecer un sonido tenso y rockero. Está en el título, sin duda, pero quizá funcione también como un intento de separarse del terreno explorado en "Goat head soup", un disco que -pese a incluir "Angie"- no está entre lo mejor -ni mucho menos lo ineludible- de la banda, sin que esto implique que se trata de un álbum poco interesante o incluso uno fallido. Después "Black and blue" cambiaría otra vez el asunto, pero las tres primeras piezas del lado A de "It's only rock 'n roll" son rotundas en su propuesta y lo suficientemente variadas en cuanto a texturas (más eléctrica y agresiva en "If you can't rock me", más matizada y con notoria base de acústica en "It's only rock 'n roll (but I like it)") como para mantener el interés. Incluso la balada que sigue ("Till the next goodbye") parece lógicamente colocada en su lugar, en esa suerte de costado inevitable del rock, y en su delicadeza de acústicas parece remitir a "Wild horses" (aunque sin lograr su contundencia).
Tengo para mí que lo mejor de ese lado A, y del álbum completo, sin embargo, es "Time waits for no one", que parece lo más cercano a la obra maestra sistemática y sintomáticamente pasada por alto que puede ofrecer la discografía de los Stones (figura apenas en un compilado, "Sucking in the seventies", de 1981, y no le conozco versiones en vivo). Es fascinante y sobrecogedor como la canción logra ser tan esquemática y brutal como delicada y enigmática: parece saber algo que nosotros ignoramos y seguir adelante de acuerdo a leyes que no comprendemos... y que ellos quizá tampoco lograron asimilar.
El lado B es el más prescindible y es lo que evita que el 12º (UK) o 14º (USA) álbum de los Stones esté al nivel de sus cuatro mejores discos ("Beggars", "Bleed", "Fingers" y "Exile"); "Luxury" parece prometer algo interesante, pero después "Dance little sister", divertida como es, parece bajar el nivel de energía de lo ofrecido, cosa que termina por confirmar la un poco boba "If you really want to be my friend" (que, de todos modos, termina resultando de interés por su sonido, en particular su cosa untuosa o melosa concentrada en la textura que ofrecen la voz de Jagger y la de los coros en plan soul) y la más bien en joda "Short and curlies"; pero también quedó lo mejor para el cierre del lado, con la extraña y buenísima "Fingerprint file", que parece anunciar el sonido de "Black and blue", en particular con sus guitarras funky-wah wah -por no mencionar las curiosas irrupciones de sintetizador cercanas al final oscurecido. Es curioso como todo lo que el lado A dice en cuanto a una propuesta rockera fuerte, el B lo matiza o incluso niega (con "Fingerprint file" notoriamente). Quizá la revaloración pendiente de "It's only rock'n roll" pase por comprender de qué manera dialogan y se matizan esos dos lados. Conclusión: "It's only rock 'n roll" se la arregla siempre para ser un poquito mejor (o más interesante) de lo que recordábamos.

"Rubber soul", The Beatles, 1965, Parlophone


En algún momento de The Beatles Anthology Harrison dice -cito de memoria- que no sintió mayor diferencia entre la grabación del sexto disco de los Beatles y el siguiente; visto todo de este lado del asunto la afirmación es curiosa, ya que es dificil no pensar a "Rubber soul" como un disco un poco más transicional que definitivo, aunque la proporción, digamos, entre esas cualidades sea, sin duda, más favorable a lo definitivo que el caso de "Help!" o incluso el de "Beatles for sale". Y si se tratara de pensar qué es lo que separa al sexto de lo que vendría después en términos de perfección conceptual, sin duda compararlo con "Revolver" es una estrategia fértil. Otra opción es pensarlo desde perspectivas de géneros musicales: así, "Rubber soul" pasa por el álbum folk o folk-rock, la matriz de lo que harían después bandas como Byrds, mientras que "Revolver" propone lo que cabría pensar como un despliegue de las posibilidades del pop (lo cual quiebra la matriz genérica, claro está). En ese sentido, "Rubber soul" es el álbum más legible del par, más fácilmente decodificable, mientras que "Revolver" tiene "Tomorrow never knows" y "I'm only sleeping" y "Love you to" y "Yellow submarine", lo que implica encontrar un contexto en el que se puede pasar de una canción para niños a una fusión de drone y música concreta y loops de cinta. Y ese contexto, por supuesto, termina por equivaler al álbum, al propio "Revolver", pero eso no opera del mismo modo en "Rubber soul", que es un álbum más fluido y cómodo. (O, es justo decirlo, lo que vuelve más genial a "Revolver" es que él también es, extrañamente, fluido y cómodo).
Otro problema de "Rubber soul" es que su final, pese a valer la pena como pieza musical (en especial cuando la textura incluye guitarra eléctrica sobre acústica), pese a funcionar como una suerte de country-rock, parece un poco por debajo de lo mejor del álbum. Y por "lo mejor del álbum" se entiende fácilmente "casi todo el álbum": la cara A claramente no tiene fisuras, porque su momento menor -"Think for yourself"- logra volverse de especial interés gracias al uso de distorsión (fuzz) en el bajo, lo cual la vuelve de hecho una pieza única en la discografía Beatle. Es decir que desde "Drive my car" hasta la preciosa "Michelle" la propuesta es rotunda y brillante. Después, la cara B sólo arranca del todo en su segunda canción -pero no porque "What goes on" sea del todo descartable como el proverbial numerito fácil para Ringo sino porque es la única pieza que pertenece claramente, y casi al nivel de una parodia, a un género bien definido, el country, mientras que para el resto del disco la cosa no sólo es más complicada sino que logra más que mirar a un género establecido más bien crear uno "nuevo"- y después de la buenísima "If I needed someone" parece decaer con "Run for your life". En el medio, por supuesto, queda "In my life", rodeada además por dos maravillas como "I'm looking through you" y "Wait".
Lo que da todavía más cohesión a "Rubber soul" es sin duda su sonido, por primera vez un sonido "Beatle" sin fisuras (en el caso de "Help!" era curioso que su title-track parecía no alcanzar esa cualidad tan notoriamente como otras de sus canciones); de hecho, ese sonido Beatle encuentra su quintaesencia -para toda la discografía, me animaría a decir- en el single del momento, "Day tripper" (que parece una extensión riffera, rockera y acaso superior de "Drive my car") y "We can work it out", en especial esta última pieza, cuyo sonido es absolutamente perfecto (en el sentido de tan logrado que se las arregla para llamar la atención sobre sí mismo y a la vez no abarcar el concepto completo de la canción), absolutamente sobrecogedor y absolutamente Beatle.