miércoles, 12 de julio de 2017

"Aladdin Sane", David Bowie, 1973, RCA


Para tratarse de un álbum sobre una estrella de rock (entre otras cosas), "The rise and fall of Ziggy Stardust and The Spiders from Mars" (1972) sonaba notoriamente poco rockero. Con la excepción de piezas protopunk como "Hang onto yourself" y "Suffragette city", buena parte del álbum queda ofrecido como un momento más en la reelaboración y recreación del music-hall que Bowie había intentado en su primer trabajo y en algunas zonas de "Hunky dory" (1971), y es bastante notorio que dos de las canciones más estremecedoras del álbum ("Five years" y "Rock'n'roll suicide") prescinden de los lugares comunes del rockismo más elemental, del mismo modo que "Soul love" y "Lady stardust" se instalan en un lugar similarmente alejado y el corazón del disco, "Ziggy Stardust" suena como si no tuviera precedentes ni sucesores en su manera de narrar una canción pop (carece de estribillo y no repite un sólo verso en toda la letra, a la vez que su elemento musical más reconocible -la intro y su reiteración en el centro y el final de la pieza- no suena para nada rockera). Pero para el sucesor -descrito por el propio Bowie como "Ziggy va a América"-, además de inventar un nuevo personaje o persona (aunque, refinamientos aparte, es más o menos lo mismo que Ziggy), el sonido buscado remitió a la desprolijidad de The Rolling Stones en "Exile on main street" (1972) y, de hecho, a cierta esencia posible de esa banda: así, en "Watch that man", la mezcla desfavorece notoriamente a la voz principal y a ciertos arreglos a la vez que pone a la sección rítmica al frente y suena desde una textura de guitarras con una distorsión desprolija y áspera. Esto cambia súbitamente con la ultrarrefinada "Aladdin sane", en la que brilla por primera vez en la carrera de Bowie el piano de Mike Garson, en este caso con su solo más emblemático y cargado de resonancias de vanguardia histórica -aunque para no perder el horizonte rockero del disco conviene escuchar el rugoso downpicking de Ronson sobre las explosiones de piano de Garson. Esa referencia al cabaret alemán, al expresionismo y a la era del cubismo y el futurismo, por decirlo de alguna manera, además, reaparece en "Time", otro de los grandes momentos del álbum, y se metamorfosea, en su cierre, hacia el flamenco kitsch de telenovela que suena en "Lady grinning soul". Pero el resto del álbum es rock más o menos duro, y el lado del "menos" sin duda queda para el relato de ciencia ficción presentado como doo-woop de "Drive in saturday", con sus fraseos de saxo y sus líneas elegantes de bajo bajo capas de melotrón y guitarra acústica, todo en un ágil 6/8 para un cuento de nostalgia futurista que está sin duda entre lo mejor de la etapa glam de Bowie. El lado "más" rock comparece de inmediato en el cierre del lado A, con "Panic in Detroit" y su versión latinizada de la clave a la Bo Diddley (además del mejor puente del álbum), y "Cracked actor", la más groove y boogiebolanesca (aunque en la sonoridad desprolija y hasta grotesca que hace al corazón de "Aladdin sane" y conecta el cierre del lado A con su apertura) de la selección y, de paso, su mejor estribillo ("suck, baby, suck / give me your head").
El lado B queda inaugurado por "Time" y sigue con la recreación más agil y cabaretera (como una suerte de residuo más buena onda de la canción que abrió el lado) de "the prettiest star", grabada originalmente en 1970 y con Marc Bolan en la guitarra (es interesante la reconstrucción del solo de Bolan a cargo de Ronson, que supera notoriamente al original en todo aspecto imaginable). Y, después, la devoción Stone del álbum queda destruida por el que debería estar entre los covers más geniales de Bowie, una reapropiación de "Let's spend the night together" versionada tanto desde el lugar de una reescritura bajo el sonido específico del album como desde una deliberada ironía o vocación de destruir la canción, como si -en la línea de la letra de "All the young dudes", que Bowie reversionó durante las sesiones de "Aladdin sane", con su verso de "my brother's back home with his Beatles and his Stones / we never got it off on that revolution stuss", suerte de manifiesto del rock de tercera generación- estuvieramos escuchando a los setentas dándole una paliza a la década que los precedió.
El lado B queda cerrado por "Lady grinning soul", pero antes suena "The Jean Genie" -suerte de resumen del repertorio de Americana del álbum-, reescritura de "I'm a man" (Bo Diddley, 1955) mezclada de una manera deliberadamente hueca y hosca, que contrasta de modo muy marcado con la producción más brillante y glam de la similar y contemporánea "Block Buster!", de Sweet.

Y está, por supuesto, la portada, acaso la imagen más icónica de David Bowie (quien, por cierto, jamás tocó en vivo con el rayo maquillado sobre su rostro).

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