miércoles, 12 de julio de 2017

"Ambient 4: on land", Brian Eno, 1982, EG


De alguna manera los tres primeros discos de la serie Ambient representan -bajo el punto de vista de su productor/creador Brian Eno- un proceso generativo; sea porque la textura es creada por la interaccion fase-desfase de loops de distintas longitudes ("Music for airpots") o porque su rol se reduce a fijar parámetros estrictamente sónicos a un input musical generado por otro ("The plateaux of Mirror", "Day of radiance"), Eno desplazó notoriamente su lugar como artista o sujeto emisor de la música hacia el del supervisor de un procedimiento; sin embargo, en la cuarta y última entrega de la serie, las composiciones prescinden de sistemas generativos y operan más bien como pinturas sonoras, con todos sus componentes instalados deliberadamente y con un gesto paisajistico. Esto es visible no sólo en algunos de los títulos ("Lizard point" refiere a un lugar concreto de Inglaterra: "Land's end", en Cornwall, y "Tal coat" remite al pintor Pierre Tal-Coat, célebre por sus paisajes despojados y desolados) sino en las texturas creadas en sí, que toman fondos de sintetizador -a veces con profundas disonancias que contribuyen al lugar del álbum como pionero del dark ambient- y les suman pequeños fragmentos melódicos que aparecen siempre de manera distante y difusa en la mezcla (es interesante el uso mínimo del reverb en casos como "Unfamiliar wind": el ambiente de la pieza está creado por la fluctuación de la base de sintetizadores, y la espacialidad artificial queda relegada apenas a detalles como los sonidos de las aves) además de grabaciones de campo en las que aparecen animales: aves, grillos y ranas mayoritariamente.

El resultado es una marcada evocación de un lugar específico; en "A clearing", por ejemplo, la sensación del amanecer o de una repentina aparición del sol entre las nubes de un cielo cerrado, parece imponerse al oyente, que pronto atribuye a las notas del registro más agudo el rol de elementos del paisaje repentinamente iluminados por el sol. Hay también imágenes sonoras de zonas acuáticas ("Tal coat") y piezas que destacan por una resolución más fina del detalle ("Dunwich beach autumn 1960", sin duda entre las más sugerentes del disco), y, ante todo, una inquietud ominosa omnipresente, aunque más palpable en la inquietante "The lost day" o en el frágil paisaje de grillos de "Shadow", sobre el que aparece una trompeta (a cargo de Jon Hassell) extremadamente tratada con efectos. También opera a veces una repentina profundidad añadida, como si se tratara de evocar cavernas en la noche ("Lantern marsh"), o, por el contrario, una sensación de elevación ("Unfamiliar wind (leeks hills)"), que parecen aportar un eje vertical a la espacialidad del paisaje creado no sólo por cada una de las piezas sino por la sucesión de estas. Así, la idea de inmersión del oyente en estos paisajes sonoros parece el objetivo principal del disco, hasta el punto que en sus notas para el LP original Eno propone un sistema de tres parlantes como manera ideal de escucharlo.

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