miércoles, 12 de julio de 2017

"The incarnation of the solar architects", Inade, 2009, LOKI50


Hipótesis 1: toda la música ambient puede clasificarse en dos grupos, el ambient generativo (es decir el que se desprende todo o casi todo de un proceso iniciado por el autor y que no es activamente controlado o afectado por este) y el ambient expresivo (es decir aquel donde cada sonido que escuchamos, o al menos la gran mayoría, está dispuesto en su lugar por el autor, que sigue un propósito específico, consciente o inconsciente). Ejemplos: de ambient expresivo, "On land", "Selected ambient works vol. 2", el lado B de "Low"; de ambient generativo: "The disintegration loops", "Discreet music", "What".
Hipótesis 2: toda la música dark ambient, o al menos la gran mayoría de la música clasificable como dark ambient, necesariamente, debe pertenecer al subgrupo expresivo de la música ambient.
¿Por qué? Si pensamos en el dark ambient como pensamos en el género literario o cinematográfico o historietístico del horror (es decir aquellas obras de ficción que se proponen como capaces de mover a su usuario hacia una emoción específica, el miedo), puede resultar necesario que opere un control, por decirlo de alguna manera, por parte del artista. Es decir: la expresión de un estado mental o emocional inquietante, opresivo, oscuro, tenebroso u ominoso puede parecer ligada -desde la perspectiva de una intencionalidad genérica: hacer, es decir, dark ambient como quien se propone escribir un policial negro o un space opera- necesariamente a lo expresivo. Pero, por supuesto, siempre cabe la posibilidad de diseñar un proceso y, ante su resultado, constatar que "suena a" dark ambient.
Si pensamos más bien en el contexto de reparar en la presencia o ausencia de ciertas pautas sonoras (o a cierto modo de leerlas,  de relacionarlas en tanto elementos en la textura) podríamos llevar la cuestión más que una opción digamos lógica a una suerte de atención al escrutinio de un corpus de obras dadas como "dark ambient". En ese sentido, no abundan las obras dark ambient que estén presentadas como generativas (al menos no que yo conozca, claro), y sí aquellas en las que abundan elementos fácilmente pensables como de corte expresivo por su ímpetu mimético y su construcción de significado pensada en función a su lugar en una secuencia o relato. Así, "The incarnation of the solar architects", del proyecto alemán Inade, con sus múltiples niveles de textura, parece funcionar perfectamente en tanto una composición expresiva. Incluso las piezas más basadas en loops ("Aion Teleos", notoriamente) ofrecen elementos de corte narrativo o de una lógica lineal (en el sentido de que cabe pensarlos como momento de una secuencia), como ser efectos de viento, voces humanas, sonidos miméticos de maquinarias o percusiones que remiten a esa suerte de categoría más o menos difusa de lo "tribal". La percusión, de hecho, es especialmente importante en el contexto de este álbum a la hora de construir atmósferas, y en ese sentido una de las piezas más logradas es "Abandoned inferno", que ofrece un sonido industrial matizado aquí y allá por momentos en que la percusión se desvanece y adquieren un nuevo relieve los susurros y los colchones de sintetizador en las frecuencias más bajas.
No se trata, de todas formas, de piezas especialmente narrativas, si bien todas incorporan alguna forma de progresión o variación dentro de sus límites. En ese sentido, la que construye más marcadamente la idea de un descenso o viaje por un espacio tenebroso es "A lefthanded sign", con sus voces ritualísticas y sus pulsos profundos cargados de reverberación. La atmósfera evocada es, por supuesto, la de una ceremonia donde se procede a entonar una serie de encantamientos (hay hasta una lógica de pregunta-respuesta desde la voz principal hasta una secundaria que funciona a modo de eco) y el fondo ambiental parece ir volviéndose más y más protagonista a medida que nos acercamos al final.
Otro de los momentos más intensamente ominosos es "Altar to the unknown", que ofrece los consabidos efectos de viento por debajo de una serie de notas muy texturadas de sintetizador, a la vez que suena, en el fondo más remoto pero acercándose gradualmente, una suerte de reverberación de voces humanas, como una suerte de coro. Esto es reiterado -y con mayor claridad aún- en "The tellurian vortex", otro buen ejemplo en el contexto del álbum de progresión cuasinarrativa por irrupciones o cambios repentinos en la textura, y en "The veil of eternal unity".

"The world behind the world" ofrece una suerte de síntesis de todos los procedimientos del álbum: la percusión aparece pasado el primer cuarto de la pieza, suenan aquí y allá voces (casi siempre incomprensibles), aparecen esos coros inquietantes de fondo remoto y es esbozada una melodía mínima con notas de sintetizador que se mueven en las frecuencias bajas a medias, muy destacadas en la mezcla. Algo similar -a lo que se suman sonidos más agudos que recuerdan a cornos- opera en otra de las mejores composiciones del disco, "From the angle of aleph" (un título que parece reclamar la fusión de temas borgesianos y lovecraftianos, como en "El inmortal" o "There are more things"; o, mejor dicho, que regresa a Borges a una matriz lovecraftiana).

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